Tossa de Mar – Blanes

Blanes es el primer pueblo de la Costa Brava y en él se celebra una de las ferias de cerveza artesanal más reconocidas de Cataluña, la Birrasana. Este mes de mayo fue su sexta edición y un colega y yo aprovechamos para realizar una marcha hasta allí, partiendo desde el pueblo de Tossa de Mar, también de gran interés turístico.

Tossa de Mar

A las 8:45 cogíamos un bus en la Estación del Norte de Barcelona, que nos llevaría en algo más de una hora a la estación de autobuses de Tossa de Mar. Desde allí nos dirigimos al casco antiguo en su zona más cercana a la playa, para desayunar de buena mañana. Con las 10:30 en el reloj, iniciamos el recorrido visitando la ciudadela del castillo, una construcción medieval – ahora con restaurantes y miradores – en un acantilado que ofrece buenas vistas tanto al mar como a la sierra de les Cadiretes, la cadena montañosa que rodea el pueblo.

Tras “hacer la previa”, puesta en marcha por el Camí de rondaGR 92, subiendo por unas escaleras detrás del castillo, con la primera mini cala en nuestras retinas. Algunas escaleras y algunos metros por un sendero después, el primer mirador. ¡Espectacular vista de Tossa! Seguimos andando por el sendero, hasta que en el kilómetro 2 y con otro mirador, se nos abrieron dos opciones: la pista del GR 92 o un sendero más cercano a los acantilados. No viéndolo muy claro, optamos por el GR hasta una nueva bifurcación poco más de un kilómetro más tarde. Aquí sí decidimos aventurarnos por una pista estrecha en dirección al mar. La pista terminaba y comenzaba un sendero muy abrupto, en continua bajada, siendo necesaria la trepada en algún punto, pues todo lo que baja, sube… Con la Cala Moltó bajo nuestros pies, nuevo mirador, esta vez natural. Siguiendo el sendero, algo menos abrupto, llegamos a la Cala Llevador y a la Cala Figueres, donde atravesamos un camping muy chulo, con algunos cientos de metros de más debido a su estructura laberíntica. Atravesando la Cala Llorell dimos con un problema imprevisto: la marea cortaba el paso por la playa hasta la siguiente cala. Subimos por una calle, sin darnos cuenta de un camino al que sí hubiéramos podido acceder, y que nos hubiera dejado en la otra parte de un riachuelo, ahorrándonos el bordeo de éste, y siguiendo por la costa. Nuestra opción nos alejó de ella, remontando la montaña sobre la que se asienta la colonia alemana Martossa. A las puertas del complejo urbanístico, por fin dimos con el GR 92, para continuar nuestro camino hacia el sur.

Por un sendero llegamos al pueblo de Canyelles, que atravesamos por el interior, entre calles de chalets, hasta llegar a una playa y a un puerto. Escaleras de nuevo. Muchas escaleras, con nueva zona de calles y chalets. Pero al poco el camino llevaba a la costa, tras bajar unas escaleras – largas – en zig-zag. Camí de ronda, una de las partes más bonitas. Realizado de piedra, subidas y bajadas, con acceso a diferentes calas minúsculas y a espacios rocosos donde tomar el sol o pescar.

LLoret de Mar

Un castillo – edificación privada con forma de castillo, oficialmente :O – es la entrada a Lloret de Mar por el Camí de ronda. Cruzamos la playa y aprovechamos para hacer un pequeño descanso, con un pueblo ya saturado de extranjeros. La playa, llena. Había una especie de feria de moteros, para añadir si cabe más “ambiente”. Siguiendo por la línea de costa, dimos con un tramo muy parecido al anterior, de gran encanto, hasta llegar a un restaurante, que atravesamos para, alguna calle después, llegar a la Platja de Fenals. En su final, fue necesario bordear unos jardines, para retornar a los acantilados, viendo una nueva cala desde las alturas. No nos detuvimos, pero esta zona tenía muy buena pinta. Dejándola atrás, nuevo tramo de urbanizaciones, para entrar en el territorio municipal de Blanes

Blanes

Mansiones muy chulas al borde de nuevas calas. Llegamos al jardín botánico de Pinya Rosa, que dejamos a un lado, por el Camí de Santa Cristina, pasando también por una ermita. En el punto alto de una nueva urbanización, vistas al mar, divisando todo el entramado costero. Un sendero con bastante desnivel nos llevaría al castillo de Blanes, donde disfrutamos de vistas espectaculares. Montseny, el Montnegre, La Selva, Blanes, la costa… Dejamos tal panorámicas para enlazar diferentes tramos de escaleras, que nos llevarían al puerto y, al lado, a la playa de Blanes, donde a los pocos metros dimos con la carpa de la feria cervecera.

Blanes cuenta con servicio de Rodalies, así que la vuelta la hicimos en tren. 😀

Datos de la ruta

  • Alrededor de los 28 km, pero sin nuestros rodeos, se podrían quedar en unos 22.
  • Ruta durilla en cuanto a desnivel positivo acumulado, debido a las escaleras y pendientes constantes del terreno acantilado. Si es día soleado, ¡crema abundante!
  • Cada dos por tres salen pequeños senderos o caminos a calas. Esto puede dar mucho juego para encontrar sitios perdidos de gran belleza. 😉
Tossa de Mar – Lloret de Mar
Lloret de Mar – Blanes
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