Bicing, ese deporte de riesgo

Uno de los mayores atractivos que tiene Barcelona en cuanto a calidad de vida es la posibilidad de moverte en bici. El bus tiende a tardar, el metro agobia, el coche estresa, contamina y come dinero y para determinados destinos, ir andando puede llevar un tiempo excesivo. ¡Pero ahí nos viene a ver la bicicleta! La ciudad está muy preparada para el uso ciclista y parece que el ayuntamiento sigue mejorando el estado de los carriles bici. Todo muy propicio para usar este medio de transporte urbano, a falta de la propia bicicleta. La gente local suele decir que tanto motos como bicis sufren de robos callejeros, no siendo muy buena idea invertir en una buena bici para aparcarla en la acera. Por otro lado, tenemos el Bicing, el servicio público de alquiler, que funciona con un modelo de suscripción. Al mes de mudarme, ya contaba con mi flamante tarjeta de usuario…

El modelo de Bicing en Barcelona

Para usar el servicio necesitas una tarjeta, que tienes que solicitar vía web. La cuota anual es de unos 50 euros anuales, pero tienes usos pseudo ilimitados. El pseudo significa que hay límites, pero difíciles de superar en un uso “normal”. Por ejemplo, el sistema te cobra un pequeño recargo si tienes en uso una bici por más de 30 minutos seguidos. Puede parecer poco, pero imagino que esta cifra está muy pensada. En mis desplazamientos más largos – poco habituales – he llegado a hacer poco más de 6km – ¡en Barna todo pilla cerca! – en unos 25 minutos y creo que en dos años sólo una vez superé los 30 min, con un recargo de 75 céntimos, porque me perdí dando muchas vueltas. Por otro lado, el número de desplazamientos es ilimitado, esperando 10 minutos entre uso y uso.

En mi opinión, el modelo está muy bien. No llega a 14 céntimos el día. Evidentemente hay días que no usas el servicio, pero en mi caso otros días lo he llegado a utilizar 5 o 6 veces.

Estado de las bicicletas

Hay de todo. Hay bicis que se ven más “usadas” y otras que están en perfecto estado. Hay otras que están para el arrastre o que no funcionan, pero en tal caso puedes devolverla en la misma estación de recogida y coger otra. En general las bicis no suelen frenar de atrás – freno gastado – con la consecuente costumbre de frenar con el freno delantero – mala práctica para el día que vuelva a la mountain bike y “se me vaya la pinza” -. La excepción que confirma la regla es aquella inusual bicicleta que tiene un freno trasero como si fuera un freno de mano. ¡Derrapando por la ciudad!

Por otro lado, en ocasiones hay mucho tránsito de bicis y no tienes disponible una en tu estación, pero existe una app en la que ver la disponibilidad en todas las estaciones. Y la limitación de los 30 min hace que haya bastante flujo de llegadas / salidas, siendo muy probable que encuentres una bici que usar en un radio cercano.

El deporte de riesgo

Vaya por delante que Barcelona no es Madrid y que si aquí ser ciclista urbano se puede clasificar como deporte de riesgo, allí debería ser considerado suicidio. Pero en mi experiencia, hay ciertos riesgos,

  • La gente. Se dice de que los coches no respetan a las bicis, pero la gente también va haciendo amigos ciclistas por ahí. Cruzarse y/o andar por los carriles bici suele ser lo habitual, pero luego viene estando la gente kamikaze. La mayoría diré que por pura dejadez visual. En Madrid te acostumbras a mirar a ambos lados de la calle y a cruzar si no viene nadie. El sentido único de las calles aquí hace que los vecinos se acostumbren a mirar sólo a un lado, pero hay calles en los que el carril bici tiene las dos direcciones. El otro día, por ejemplo, me comí a una chica que cruzó sin mirar a mi lado, con rojo en su semáforo, para más delito. No nos hicimos daño a pesar del encontronazo, pero fue un buen susto.
  • Las bicis. Del Bicing y de alquiler de compañías privadas. Creo que pasa como con los coches, cada uno “conduce” a su bola. En Barna algunos carriles, en teoría, tienen direcciones únicas, pero los ciclistas solemos hacer poco caso – diré a mi favor que lo suelo respetar-. Con todo, tienes que esquivar, driblar, adelantar… y gozar de buen equilibrio. La semana pasada tuve un accidente con otro ciclista. Él bajaba por una calle para incorporarse al carril bici – calle y carril en sentido contrario – y yo salía del carril para incorporarme a la calle. Miré atrás para cruzar la calle horizontal. ¡Crash! Choque frontal de proporciones bíblicas, porque además iba a bastante “pastilla”. Todavía sigo con molestias varias.
  • La lluvia. Se podría aplicar el mismo principio que para motos y patines. El primer mes como usuario, tomé una curva con el suelo mojado. Doblé demasiado la bici. Costilla rota.

Y los coches quizás los podría omitir. En ocasiones circulo por la calle y quitando que muchos suelen pasar bastante cerca, no he tenido ningún problema. Imagino que otras estadísticas dirán lo contrario, pero como experiencia personal, teniendo en cuenta que hay mucho carril bici… creo que rodar con los coches puede ser bastante evitable. Sin embargo, bien es cierto que algunas estaciones están algo mal ubicadas, sin carril en la misma calle. Deporte de riesgo, decíamos. 😉

 

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