Volviendo a las artes marciales

Hará unos meses, en una visita a Madrid, aproveché para traerme las “armas” (, bokken y tantō) de aikidō, el arte marcial que practiqué un par de años, antes de los 20. Llevaba algún tiempo con la idea de volver a practicarlo, pero entre tanta actividad y quehaceres no surgió la voluntad en firme, así que ahí seguían como “reliquia”. Este otoño quería comenzar algo nuevo y a finales de verano hubo propuesta en firme para aprender a bailar en una academia, otro de los retos que tengo pendiente. Sin embargo, ese plan se acabó cayendo y las ganas de retomar las artes marciales volvieron a aflorar con ímpetu.

¿Volver a aikidō? Guardo grato recuerdo de esa experiencia. Mi dōjō era un gimnasio de barrio, con ese encanto particular de los sitios pequeños y “familiares”. Nuestro maestro, además de enseñarnos las técnicas, nos contaba historias cargadas de pura filosofía y en el tatami seguíamos la más respetuosa de las cortesías. Por ejemplo, cada explicación y cada reflexión, permanecíamos en posición de seiza, esto es, sentados sobre el talón. Un ambiente realmente zen. Ahora esta disciplina me sigue atrayendo, pero ya se sabe que soy dado a experimentar. Hacía no mucho, cotilleando por internet, encontré el Krav Magá, que parece que anda de moda. También ganando popularidad parece que están el Muay thai (Gina Carano ftw!) y las MMA pero, a pesar de valorarlas como opción, no quería perder el sentido oriental. El “” o camino. Continué explorando opciones y el hapkido entró en escena. Ya sabía de él desde hace tiempo y me encajaba a la perfección. Paseando por Barcelona había visto varios gimnasios donde lo ofertaban, pero ninguno me había convencido de forma especial. Para mí es importante sentirme bien en el dōjō, así que hice un filtrado de centros que podrían encajarme y… ¡habemus Dojang! En otra entrada hablaré sobre ello, pero en la clase de prueba quedé muy satisfecho. 😀

Primero hacer pacto sagrado. Prometo enseñar karate. Esa mi parte. Tú prometer aprender. Yo digo, tú hacer. No preguntas. Esa tu parte.

Pat Morita, como el Señor Miyagi, en Karate Kid

 

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