Do Yang Sal: mi dojang de hapkido

El paso siguiente a tener claro qué disciplina marcial quería practicar era encontrar una escuela que me encajase. Comencé por tanto a cotillear por internet, a fijarme en letreros mientras paseaba por la ciudad, a coger folletos… y así poder hacer un primer filtro de escuelas candidatas respecto “mis criterios de selección”. Esto es,

  • Buen ambiente y feeling en general. Sería complicado definir en qué consiste eso, pero se siente o no se siente. Sintonía con los maestros y compañeros, cercanía en el trato…
  • Tradición y etiqueta, que va desde el respeto a los símbolos hasta la manera de enseñar. Y un dojang de barrio tiene mucho encanto…
  • Oficialidad. Estar federado me parece importante, además de necesario para los grados, eventos, seguros…
  • Horarios. Si no puedo asistir a los entrenos…

En realidad tampoco era mucho lo que pedía, pero descarté varios centros a primera vista. Siguiendo con el proceso, desde la red di con Do Yang Sal y decidí pasarme a echar un ojo, con la intención de realizar la clase de prueba que ofrecían desde la web. Rumbo a Poble Nou, a la calle Pallars. Allí me recibió Salvador Caballero, fundador de la escuela y maestro de hapkido, entre otras artes marciales. Me hizo un buen repaso de lo investigado online, con el sonido de fondo  de los niños entrenando en el tatami de la sala contigua. Ambiente de barrio total. Me contó también que la escuela lleva 10 años funcionando y me explicó cómo se desarrollan las clases. 2 días a la semana, 1 hora por clase. Como extra, los viernes hacen la MACC, una clase especial de entreno físico específico para artes marciales. ¡wow!

Esa primera visita ya apuntó maneras. La segunda fue para la clase de prueba. Desterré mi dōgi del armario y un buen lunes fui para allá. Durante la clase me mostraron muchas técnicas y quedé muy convencido por la dinámica. En otra entrada comentaré a fondo cómo son las clases, pero diré que terminé tan satisfecho que nada más terminar formalicé mi inscripción. Con la matrícula me pidieron la talla para el dobok, un acierto para mí, que siempre me cuesta encontrar algo del estilo que no quede grande nivel “caben dos yo“. En octubre tenían una promoción para celebrar el aniversario, así que fue realmente asequible, puesto que también incluye el seguro y la licencia federativa. Y por el pago de la cuota por semestres, ofrecen descuentos en material y cursos, así como en la propia cuota. Seguimos sumando, puesto que contemplan el concepto de antiguedad, manteniendo la misma cuota a pesar de que de un año a otro suba y otras ventajas por tener “solera” en el dojang.

Tras la clase de prueba, tuve una semana de reposo debido a un accidente con la bici, pero ya llevo 4 clases. El maestro me hizo entrega de una hoja con el temario para el examen de cinturón amarillo, primer reto en la materia, que confio en superar dentro de unos meses. Echaba tanto de menos prácticar artes marciales que lo he cogido con unas ganas tremendas, sí. ¡A tope!

 

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4 thoughts on “Do Yang Sal: mi dojang de hapkido

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